Las dificultades por las que pasan un gran número de familias en todo el país, el nivel socio-cultural de estas, y la ausencia de un servicio de apoyo familiar e institucional dirigido a estas familias, son considerados factores determinantes en el desarrollo escolar de los jóvenes. Como expresa el filósofo y pedagogo español José Antonio Marina: “Cada uno de nosotros vive siempre en un contexto social y es ese contexto social el que expande o restringe la inteligencia individual”. Esta cita nos ha parecido un punto de partida para tratar la influencia del entorno social sobre el desarrollo académico de nuestros alumnos, así como la importancia de los profesionales de la educación en nuestro papel para enriquecer ese contexto social del joven y promover así su desarrollo integral.

 

El entorno social y la exclusión educativa

Podemos decir que la exclusión educativa es uno de los principales problemas de diferenciación del entorno social en nuestro país. Es cierto que los centros educativos ofrecen cada vez un mejor servicio a todo su alumnado y a sus familias, pero el sistema educativo todavía tiene grandes déficits en el tratamiento de la inclusión social del alumnado y sus familiares. Estas conclusiones son las presentadas por el Comité Español de Unicef en la publicación de su informe: Los factores de la exclusión educativa en España: Mecanismos, perfiles y espacios de intervención.

Según Unicef, el sistema educativo español sigue marcado por la fragmentación, segmentación y desigualdad. Estos factores presentan un gran impacto en el entorno social y movilidad de ciertos grupos sociales. Este informe, expone la elevada tasa de abandono escolar situada en el 20% de los jóvenes de entre 18 y 24 años en España en el año 2015. Esta tasa española de abandono escolar contrasta con la media del 11% que presenta la Comunidad Europea. Es decir, en España el índice de fracaso y abandono escolar es prácticamente el doble que la media europea. Además, el informe resalta la descripción de normalidad que ha sido aceptada hasta ahora. Esta descripción posibilita interpretaciones sobre conceptos como el éxito y fracaso que han venido legitimando ciertos procesos de exclusión.

Así se ha favorecido la exclusión educativa y justificado una actuación centrada en la responsabilidad individual frente al fracaso. En lugar de centrarse en la intervención general mediante medidas de atención menos específicas e individuales. Y es que esta individualidad viene de la supuesta igualdad de oportunidades que una parte del alumnado no ha sabido aprovechar. Así se ha vinculando durante años el antes mencionado éxito educativo con el esfuerzo individual. De ahí el lastre de la meritocracia que venimos arrastrando.

 

Compensando el entorno social en la escuela

Una vez visto esto, Unicef ha reclamado un sistema que adopte medidas integrales para terminar con la hasta ahora utilizada definición de normalidad; abolir la homogeneización en la composición del alumnado a través de la segregación; y establecer unas medidas de atención a la diversidad que permitan frenar el fracaso y el abandono escolar.

Para todo ello, es necesario realizar un análisis de los perfiles de exclusión educativa y su relación con las distintas Necesidades Específics de Apoyo Educativo que puedan presentar estos/as jóvenes. dentro de estas particularidades que puede presentar nuestro alumnado, el entorno social se presenta como el factor con mayor incidencia en el riesgo de abandono escolar, atribuyéndole un 50% del total. Este elevado porcentaje se basa principalmente en la diferencia en el capital cultural de las familias, y por ende de sus hijos/as; y en la ausencia de redes de apoyo familiar e institucional; eso sin contar con las dificultades económicas de las familias. Esta incidencia está más extendida entre familias de origen extranjero, en las cuales las dificultades culturales y lingüísticas suponen los factores más relevantes. Son muchas las familias cuyo entorno social no está protegido.

Por último, Unicef afirma que el seguimiento de las medidas de atención a la diversidad por parte de las instituciones, así como el refuerzo en la prestación de servicios por parte de los centros educativos a nivel de apoyo extraescolar que permitan contrarrestar la responsabilidad de las familias en el proceso educativo son algunas de las medidas a adoptar para paliar la creciente exclusión.